“Se viaja como vaca”: frecuencias en caída, trenes rotos y pasajeros desbordados por el ajuste ferroviario de Milei
El sistema ferroviario argentino atraviesa su peor momento en años. Las frecuencias se redujeron drásticamente, los trenes sufren constantes fallas técnicas y las demoras son moneda corriente. Más de un millón de pasajeros diarios en el Área Metropolitana de Buenos Aires padecen un servicio que los propios usuarios describen como “viajar como vaca”: empujones, vagones abarrotados y una experiencia agotante.
Desde que asumió Javier Milei, la inversión ferroviaria se desplomó. En el primer cuatrimestre de 2024, el presupuesto de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) se redujo un 92%. En 2026, la caída real de los aportes estatales fue del 59% en comparación con el mismo período de 2025. Se cerraron más de diez servicios de larga distancia —incluyendo Buenos Aires-Córdoba, Buenos Aires-Mendoza y Buenos Aires-Tucumán— y 62 estaciones quedaron sin actividad.
El Gobierno también cerró la empresa Trenes Argentinos Capital Humano, despidió a casi 1.400 trabajadores y anunció la privatización de las líneas de carga, las más rentables. Aunque en febrero se prorrogó la Emergencia Ferroviaria hasta 2028, el presupuesto no se actualizó y de las 226 obras consideradas “prioritarias”, muchas ni siquiera comenzaron.
Según el sindicato La Fraternidad, desde 2023 se redujeron 250 servicios diarios, se perdieron 348 puestos de maquinistas y las demoras aumentaron un 16%. La cantidad de formaciones en funcionamiento cayó un 20% (37 unidades menos). Todo esto ocurre a pesar de que las tarifas aumentaron más de un 900% desde 2023.
Para Federico Conditi, especialista en transporte, el Gobierno hace apenas “lo justo y necesario” para evitar accidentes, pero no hay ninguna política ferroviaria de largo plazo. Advierte que sin inversiones a tiempo, se producirá “deterioro y destrucción de vías operativas en el mediano plazo”. Los trabajadores, por su parte, denuncian que sus salarios perdieron un 65% de poder adquisitivo y muchos deben recurrir a segundos empleos como Uber o vendedores ambulantes para llegar a fin de mes, lo que pone en riesgo la seguridad operativa.
Mientras países como Chile, Brasil, Colombia y Perú avanzan con planes ferroviarios ambiciosos, Argentina se queda atrás. El modelo que impulsa el Gobierno —privatización y ajuste— ya fracasó en los años 90, cuando la red de vías se redujo de 35.000 a 11.000 kilómetros. La historia, advierten los trabajadores, parece repetirse.
