Milei afirmó que la pobreza cayó al 30%, pero estudios cuestionan la cifra oficial
Durante su discurso en la Asamblea Legislativa, el presidente Javier Milei aseguró que su gestión logró reducir la pobreza del 57% al 30%. Sin embargo, distintos análisis basados en datos oficiales ponen en duda esa afirmación y señalan inconsistencias en la metodología utilizada para calcular el indicador.
El debate se centra en el uso de estadísticas provenientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), particularmente de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), y su contraste con otras fuentes administrativas como el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Según el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cedaf), si se toman los registros oficiales de salarios y jubilaciones, la pobreza no habría disminuido sino aumentado en términos absolutos.
El estudio del Cedaf sostiene que, desde el inicio de la actual gestión, la incidencia de la pobreza podría haber alcanzado al 44% de la población, tres puntos por encima del primer semestre de 2023. De acuerdo con esta estimación, en lugar de 2,3 millones de personas que habrían salido de la pobreza, el número de personas pobres se habría incrementado en alrededor de un millón.
Uno de los puntos cuestionados es la diferencia entre lo que refleja la EPH y lo que muestran los registros administrativos. Mientras la encuesta reporta mejoras significativas en ingresos —especialmente entre jubilados y trabajadores registrados—, los datos del SIPA y del índice salarial privado muestran aumentos mucho más modestos o incluso caídas reales.
También se señalan problemas vinculados al Índice de Precios al Consumidor (IPC), cuya actualización fue postergada por el Ministerio de Economía hasta completar el proceso de desinflación. Esta decisión impacta en la actualización de la Canasta Básica Total (CBT), referencia clave para medir la pobreza.
Desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la UCA, advierten que los umbrales de pobreza e indigencia se calculan con una estructura de consumo desactualizada, basada en encuestas de gastos de 2004-2005, sin incorporar plenamente los cambios relevados en la ENGHO 2017-2018. En un contexto de devaluación, liberación de precios y aumentos tarifarios, esta desactualización podría distorsionar la medición de la capacidad real de consumo de los hogares.
Asimismo, un informe del CEPA plantea que recientes modificaciones en la EPH podrían haber elevado el ingreso medido sin reflejar mejoras reales en el poder adquisitivo, generando problemas de comparabilidad y confiabilidad en la serie estadística.
En este marco, el debate sobre la evolución de la pobreza no solo gira en torno a la cifra puntual, sino también a la consistencia metodológica y a la coherencia entre las distintas fuentes oficiales que deberían describir la misma realidad económica.
