Una modernización que más que trabajadores requiere esclavos

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El texto enviado por la Rosada representa la transferencia regresiva de los derechos de los trabajadores en favor del capital. Debilita los sindicatos, extiende la carga horaria, menos indeminizaciones, facilidades de despido. Perjudica a monotributistas e independientes.

El gobierno demoró la presentación de la reforma laboral para estirar los tiempos de negociación y definir cuán a fondo iría en su ofensiva contra los trabajadores y el sindicalismo. El proyecto que ingresó al Senado retoma lo peor de todas las versiones anteriores y lo condensa en 71 páginas y 191 artículos. Enmascarada en una “modernización”, la iniciativa retrocede más de un siglo y desconoce pilares básicos del derecho laboral como la jornada de ocho horas y restringe el derecho a huelga. Lejos de mejorar la vida de los trabajadores, crear empleo o incorporar a los informales al mercado formal, la reforma sólo busca abaratar costos para el empleador y amplía la desprotección sobre el sector más débil. Los especialistas coinciden en que “invierte la presunción de laborabilidad” perjudicando a monotributistas y trabajadores “independientes”. El texto final del proyecto confirma la transferencia regresiva de los derechos de los trabajadores en favor del capital, debilita su capacidad de organización y faculta al empleador para modificar condiciones laborales según sus necesidades.

La reforma libertaria que Javier Milei rubricó el jueves por la mañana marca uno de los mayores retrocesos en materia de derechos desde el regreso democrático. No solo retoma los aspectos más regresivos de iniciativas anteriores: incorpora gestos destinados a congraciarse con las plataformas digitales, incluido un guiño explícito a Marcos Galperin para habilitar el pago de salarios en su billetera virtual. El texto avanza sobre derechos colectivos e individuales y habilita que las remuneraciones se entreguen en pesos, en moneda extranjera o incluso en especie, como alojamiento o alimentos. El proyecto no establece límites claros para el empleador.

“Son tres reformas. Una que transfiere recursos multimillonarios del trabajo al capital; otra que debilita la acción colectiva; y otra que fortalece la disciplina laboral en los lugares de trabajo” explicó en su cuenta de X Luis Campos Investigador del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores de la Argentina. Página/12 consultó a abogados laboralistas para medir el impacto que tendrá en la vida de los trabajadores si el Congreso aprueba el proyecto.

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