El nuevo acuerdo con Estados Unidos y el riesgo de una dependencia regulatoria para Argentina

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La firma del nuevo Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca entre Argentina y Estados Unidos introduce cambios profundos en la inserción internacional del país. A diferencia de un tratado de libre comercio clásico, el entendimiento se apoya en compromisos regulatorios, tecnológicos y productivos que, según diversos análisis, podrían limitar la autonomía económica, industrial y científica argentina.

Bajo el principio de “reciprocidad”, el esquema establece obligaciones detalladas para Argentina, mientras que Estados Unidos mantiene márgenes de aplicación más flexibles. El eje central no está en los aranceles, sino en la adopción de estándares técnicos, sanitarios e industriales definidos por agencias estadounidenses, lo que desplaza la política comercial desde una herramienta de desarrollo hacia un mecanismo de alineamiento estratégico.

Este punto tiene implicancias concretas. La aceptación automática de certificaciones externas podría debilitar el rol de los organismos regulatorios nacionales en áreas sensibles como medicamentos, dispositivos médicos y productos farmacéuticos. A su vez, las limitaciones a políticas de promoción industrial, compras públicas y transferencia tecnológica reducirían el margen histórico utilizado por países que lograron procesos de industrialización sostenida.

Uno de los capítulos más sensibles es el de propiedad intelectual. El acuerdo impulsa un régimen de patentes más estricto, alineado con estándares estadounidenses, que podría encarecer el acceso al conocimiento, restringir la producción de genéricos y dificultar desarrollos en biotecnología y economía del conocimiento.

Las restricciones tecnológicas también alcanzan al sector nuclear, al limitar la cooperación con proveedores no alineados con Washington, lo que impactaría en proyectos estratégicos previamente negociados con China. En paralelo, el esquema sobre minerales críticos —como litio y cobre— refuerza el rol argentino como proveedor de insumos, sin garantías de industrialización local ni agregado de valor.

En términos geopolíticos, el acuerdo se inscribe en la estrategia estadounidense de contención tecnológica y económica frente a China, reordenando alianzas y cadenas de valor en la región. Así, la discusión trasciende lo comercial y adquiere dimensión estructural.

El interrogante de fondo es histórico: si la Argentina busca integrarse al mundo con capacidades productivas propias o como una economía condicionada por reglas externas. El nuevo acuerdo, tal como está planteado, vuelve central esa disyuntiva.

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