Caputo niega la deuda y minimiza la crisis: “No hay que rasgarse las vestiduras”

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El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a negar que el Gobierno haya vuelto a endeudarse para cumplir con los compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), luego de que se conociera una operación mediante la cual la Argentina utilizó fondos provenientes del Tesoro de los Estados Unidos para afrontar un vencimiento con el organismo multilateral.

Según explicó el funcionario en una entrevista radial, la transacción —por un monto cercano a los 808 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG)— “no es ningún préstamo”, sino una “operación común” que se realiza cada vez que se paga al FMI. “No hay ninguna ayuda ni endeudamiento nuevo, es simplemente un tecnicismo”, insistió Caputo, pese a que el mecanismo implicó la compra de DEG a Estados Unidos para cancelar una deuda previa con el Fondo.

La operación fue destacada por distintos medios nacionales y representa el tercer auxilio financiero de la administración estadounidense desde la asunción de Javier Milei. El nuevo giro se produce en un contexto de debilidad del plan económico, marcado por la dificultad para acumular reservas y cumplir con el cronograma de pagos externos.

En su explicación, Caputo sostuvo que el FMI no cobra en dólares sino en DEG, por lo que el país debe adquirir esa moneda especial. “Le compramos los DEG al Tesoro de los Estados Unidos con dólares y le pagamos al Fondo. No hay deuda nueva”, afirmó.

Dólar, cepo y “tranquilidad” social

En paralelo, el ministro buscó llevar tranquilidad a los mercados y descartó que el tipo de cambio sea un problema para el Gobierno. Aseguró que el dólar es “competitivo” y que el debate sobre su valor “no está en agenda”. Como argumento, destacó los niveles de exportación y comparó la situación actual con la salida del cepo durante el gobierno de Mauricio Macri, remarcando que hoy existe superávit fiscal.

Caputo también negó que la mayoría de la población esté atravesando una crisis económica. A contramano de los indicadores de caída del salario real, aumento del endeudamiento familiar y pérdida del poder adquisitivo, afirmó que “la gente no vive peor, sino con mejor expectativa”.

Incluso minimizó el cierre de empresas y comercios. Ante la consulta sobre la cantidad de firmas que bajan sus persianas cada día, respondió: “Cierran y abren”, y sostuvo que el actual escenario implica un “reacomodamiento” productivo. “Algunas industrias serán menos competitivas, otras más, y eso es normal. No hay que rasgarse las vestiduras”, concluyó.

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